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domingo, 29 de marzo de 2015

(In)cómodo

(...) La verdad es que todo me va bien, muy bien. Podría comentar muchas cosas, empezando por mi reciente ascenso. Ahora podré darme a mí y a los míos una vida mejor. (...) Creo que compraré esa casa que vi el lunes. Allí tendremos espacio para los 3. (¿De verdad es lo que quiero?)

(¿Qué hago aquí?) Ahora veo una película de animación junto a mi hija. Nos reímos mucho, y muchas veces ella se ríe de cosas que todavía no entiende. (¿Qué estoy haciendo aquí?) Mi mujer está con amigos mientras me quedo con ella. (...) Ahora tenemos que turnarnos para salir con amigos, pero lo llevamos bien. (Quiero escapar)

(¿Qué es lo que quiero?) En el trabajo todo el mundo me felicita, hay buen rollo. (...) Es un trabajo sencillo, un trabajo de oficina. (Esto no...) Un compañero se jubila después de 30 años y yo ocupo su lugar. (¿Hasta cuándo?)

(El tiempo pasa) Cenando con mi familia hablamos alegremente. (Tic, tac) Cuento un chiste que me ha contado un compañero en el trabajo, las dos se ríen. (...) Les digo que tengo que ir al baño y me alejo. (No puedo más) En el baño me quedo mirando el suelo durante un cuarto de hora. (¿Estoy bien?) Mi esposa me pregunta a través de la puerta y le respondo que todo va muy bien.

M E L O

sábado, 28 de marzo de 2015

El calor de sus abrazos

-Quédate conmigo-. Le dijo él una vez más. Ya no recordaba cuántas veces le había suplicado que no huyera, que era lo que más amaba en el mundo. Eran como el yin yang, como dos gotas de agua. No tenían nada en común pero a la vez eran inseparables. Sin embargo, una vez más, era tarde para ella.  

Se amaban desde siempre y desde siempre habían tenido el mismo problema. Ella adoraba pasar las tardes entre sus brazos como el ser frágil que era mientras él acariciaba su larga y rizada melena color azabache. Eran y siempre serían la pareja perfecta.

Era tarde para ella como lo había sido otras muchas veces. No era nuevo para él, mil veces antes había sentido como ella se escapaba de entre sus brazos, para escabullirse y perderse entre las tinieblas. Desde la primera vez se juró que lucharía por hacerla volver, por volver a tenerla a su lado.

Era algo que ocurría cada cierto tiempo. –Necesito irme, no puedo más-, esas eran las palabras que salían de su boca y que tantas veces habían roto un corazón recompuesto mil veces. Pero así era ella y esa era una de las razones por las que estaba profundamente enamorado. La entendía, comprendía su enfermedad e iba a estar con ella para siempre.

-Lo sé, amor, lo sé. Has de irte, te entiendo. Vuelve cuando quieras, siempre estaré esperándote-. Una vez más le repetía las mismas palabras y sabía que no iba a ser la última vez. Toda su vida iba a ser un bucle sin sentido en el que lo más fuerte era el amor que sentían el uno por el otro. Por eso la dejó huir no sin antes decirle entre lágrimas que era lo que más amaba y que esperaba su vuelta, como hacía siempre.

Como si ella no sintiese nada salió y con el corazón roto él se sentó a escribir la misma carta de siempre en la que tan solo dejaba que sus emociones salieran, se escurrieran entre la tinta de la pluma que ella le había regalado hacía muchos años.

Eran siempre las mismas líneas, llenas de tristeza y amargura. Entendía perfectamente que su enfermedad le pidiese libertad aunque lo que ella más amaba era la comodidad que cada tarde él le proporcionaba cuando introducía su cuerpo frágil entre sus brazos.

Volvían a ser los peores días de su vida. La incertidumbre reinaba en su cabeza porque nunca estaba seguro de que ella fuese a volver. Sin embargo, hasta ahora ella siempre había vuelto a casa porque cuando todo mejoraba echaba de menos la comodidad que solo él le podía proporcionar.


Estaban hechos el uno para el otro.

Sarasvati 

miércoles, 25 de marzo de 2015

Ultimátum

-Tal vez no hay momentos correctos, hombres correctos, respuestas correctas… Tal vez solo tienes que decir lo que está en tu corazón-repite una vez más Sarah Jessica Parker y yo la escucho como si fuera mi esperado mesías iluminándome con su sabiduría, y en cierto modo lo es.
Supongo que si Carrie Bradshaw es realmente mi mesías, Sexo en Nueva York es mi religión y la columna del personaje de la serie es mi Biblia, mi Corán o mi Torá.

Sábado por la noche pegada a la pantalla de la tele, tapada con mi cálida manta de pelo y mi vaso de leche con miel imaginando que soy Carrie viviendo todas esas aventuras y desventuras con sus mejores amigas. En mi caso, yo había dado plantón a las mías para tener una cita con estas fabulosas mujeres de la pantalla. Es curioso eso de soñar de niña lo que vas a ser de mayor, todas las cosas que quieres ver y hacer y cuando llega el momento conformarte con hacer las menos arriesgadas, las que menos esfuerzo supongan, las que menos miedo te den... Estar bajo mi manta es más seguro y verlo desde mi sofá mucho más cómodo.

El móvil vuelve a vibrar, otro whatsapp de las chicas, un ultimátum. Tras la ruptura o el stop en una relación para reflexionar o como él lo quiera llamar, encerrarme en mi cuarto es todo lo que necesito. Aquí estoy desterrada de ese mundo de ahí afuera que a diferencia de mí sí parece estar vivo. Pensándolo bien, las historias de la serie no se alejaban tanto de la vida real, puede que todo lo que parece increíble de ese mundo no sea tan inaccesible para mí. No puedo pasarme toda la vida con miedo ¿Qué hay de ese libro que siempre quise escribir? ¿Dónde están mis fotos de las pirámides de Egipto? ¿Cuando haré ese cover que debí hacer hace tiempo? ¿Cómo es que aún no me he hecho esas mechas con las que me imaginaba a los ocho años y el tatuaje que quería a los quince? ¿Por qué no le dije “quiero más que esto y lo quiero contigo”? ¿Qué hago aquí sentada en una noche de sábado cuando mis amigas me han propuesto una salida de chicas?

Como siempre mi mesías tiene razón. No hay un momento perfecto, así que no puedo estar esperando eternamente a que llegue porque si sigo esperando nunca llegará. La vida se trata de afrontar riesgos. Este es un ultimátum para todo, para levantar el culo del sofá, ponerme mi mejor vestido y mis tacones más altos y tomar las riendas de mi vida. La vida que siempre he querido tener pero que nunca me he atrevido a hacerla realidad.



No importa el tiempo de más que necesite para convencerme de ello, porque ellas ya están aquí y no van a aceptar un no por respuesta. Funden mi timbre hasta que les abro y cuando me ven en este estado de demacración voluntaria, no pierden ni un segundo para ponerse manos a la obra. Me hacen pasar por chapa y pintura y salimos para deslumbrar a Zaragoza, que puede que no sea Nueva York pero es una de las mayores críticas de mi vida y creo que hoy me ha aprobado con un sobresaliente. El sitio, la música, las bebidas y los chicos no están nada mal, sin embargo, hay un detalle que impide que la noche salga como mis amigas esperaban. Él. Las chicas se ponen nerviosas, pero yo mantengo la calma. Por muy indeciso que esté de lo que desea, si realmente me quiere en su vida tarde o temprano se desvivirá por hacer que yo esté en ella. Por una vez hago caso a Carrie y me atrevo a decirle lo que siento y lo que pienso-no sé bien lo que buscas pero una cosa es segura, no encontrarás a nadie como yo-ahora lo sé.

Alicia Salazar

martes, 24 de marzo de 2015

Tus abrazos.

Tus manos en mi pelo, o en mi cara, recogiendo un momento bonito. Una broma (re)conocida. Una sonrisa tras un dato que conocemos los dos. Una película que ya has visto 100 veces. Un juernes de fiesta por el mismo bar. Un café con las de siempre. Una cerveza con los de siempre. El autobús de cada fin de semana.

La comodidad se asocia con lo ya conocido, lo que no da incertidumbre ni ansiedad, con la estabilidad de un día en un mundo que está constantemente girando.

Me gustaría decir que yo no, pero yo sí y mucho.

Y también soy fan de la comodidad que me produce tu estabilidad emocional, tus ganas de ver siempre lo positivo, de no sacarme punta a mis defectos, que son muchos, pero tú los pasas por alto.

Comodidad es la tranquilidad de saberse querida, sin reproches, sin intentos de negación ni de anulación. Comodidad es estar un domingo tarde contigo, comiendo cualquier cosa y viendo cualquier cosa, pero con tus brazos abrazando la tormenta de emociones que soy yo, capturándome por un momento, sin pedirme reproches, sin buscarme nada mas que las cosquillas...

Dependencia? Ya no. Ya no es eso. Ahora la comodidad está también en los viajes, en las idas y venidas, en las dudas que ya entiendo por qué están y en las mil y una noches sin ti, pero contigo, sabiendo que estarás ahí pero sin agobiar, sin necesitar cada segundo de mi mente, sino confiando en los pocos segundos que te ofrezco.


Comodidad es empezar a confiar en mis sentimientos, y saber que son ellos los que me guían en este camino.

Neko

lunes, 23 de marzo de 2015

Cárcel de rutina

Se hace de nuevo la noche. La luna que conociste renovará su reflejo sobre los mares que broncean la plata del universo. El día, otra vez, muere entre los brazos de un ayer que agonizando ruega clemencia y, sin embargo, los quejidos son tan familiares. Se rompe la luz en fragmentos de oscuridad para iluminar las sombras de este letargo que nunca alcanza a arder en tu corazón. Las ascuas permanecen destruyendo poco a poco el presente, alimentándose de un pasado camuflado en el calendario. ¿Quién contará las horas que pasaste presa de la imagen de un sol en caída libre? ¿Dónde están los minutos que huyeron tras las montañas que son cárcel de tu ser?

Las pulsaciones aumentan, ritmo cardiaco reconocido; es la misma canción que cada día hace a la esperanza marchitar y que las promesas de un futuro mejor reverberen en un estallido que rompe tus tímpanos. Esclava de la monotonía amaestras el temblor de tus dedos, rezas a la rutinaria plegaria y te vistes sin sentir el pánico del rozar contra la piel. El cuero comprime la vergüenza, de la misma forma que lo lleva haciendo los últimos tres años, tanto que ya no vuelve a crecer.

Acomodada en la pesadilla, te acunas bajo la nana de los gemidos ajenos a ti y al amor. El placer es la libertad cuyo significado renunciaste a comprender, tan solo te vale la sonrisa de sus ojos tiernos, de la inocencia de sus palabras. La vida fue muy puta para ti, y ahora te atrincheras en ella para sobrevivir. Juguete roto en un terremoto a gran escala huyes al anochecer para gritar entre gemidos que entraste en el girar del tiempo; y te olvidaste de cómo salir.

Ahora te desnudas para mí, dejándome ver todos tus miedos, enseñándome como trazan las curvas perfectas que abren las puertas de la locura. Sin embargo, dentro se encuentra el llanto de un niño que despertó solo en la oscuridad de su habitación, y descubrió que mamá no estaba para decirle que todo fue un mal sueño.



Drizzt Beleren